VISTAIGLESIA

               Podemos decir que desde el mismo momento del hallazgo de la Sagrada Imagen de la Virgen se le profesó una gran devoción por el pueblo bastetano.

                El motivo de la advocación de Virgen de la Piedad sería el de las palabras que oyera el obrero que la encontró, según la tradición no interrumpida de padres a hijos, ya que la escultura no responde a la manera tradicional de representar a “la Piedad”, es decir una Dolorosa sentada al pie de la Cruz y teniendo sobre su regazo a Cristo muerto.

               En cualquier caso la devoción a esta Imagen, iniciada hace más de quinientos años, fue enraizándose en el pueblo hasta llegar a nuestros días.

              Finalizada la construcción de la pequeña ermita y establecido en ella el culto a principios del siglo XVI, su fundador, Don Luis de Acuña, dejó encargados del mismo a capellanes qué el mismo nombraba y pagaba. Se desconocen los nombres de estos sacerdotes que promovieron el primitivo culto y la devoción a Ntra. Sra. de la Piedad, a excepción del que era capellán en el año 1514: el licenciado don Juan Ortiz, que solicitó del Papa una indulgencia. León X, en respuesta a esta solicitud, con fecha de 20 de junio de ese año concedió indulgencia plenaria a todas las personas que, habiendo confesado y comulgado, visitasen la Sagrada Imagen en los días de la Purísima, de la Natividad de Nuestra Señora, de la Asunción y en el de Santa Ana.

                El 26 de noviembre de 1523 tiene lugar un hecho fundamental en el desarrollo del culto a la Virgen: se hace cargo de la ermita la Real Orden de Santa María de la Merced, como fijaba el testamento de D. Luis de Acuña, siendo su primer comendador Fr. Diego Ruiz de Zafra, con lo que se inicia la construcción de la actual iglesia y convento que habitarían los Mercedarios, con pequeñas interrupciones, durante más de tres siglos.

                Sería esta orden la que daría un gran impulso a la devoción hacia la Virgensolicitando a la Santa Sede la concesión de gracias e indulgencias para promover el culto de la Virgen de la Piedad.

             Son muchos los relatos de sucesos portentosos, surgidos en esta época, en los que el pueblo vio claramente la intervención de la Virgen de la Piedad.

      Por esta popularidad que la Imagen iba adquiriendo, su devoción fue aumentando entre las gentes, llegando pronto sus fiestas a ser de las más solemnes y concurridas de la comarca, pues a ellas acudían personas de todo el contorno primero y de lugares más lejanos después, contribuyendo, las que podían, con valiosas donaciones, al esplendor y riqueza de la Imagen y su capilla.

              En el siglo XVII, toda la tradición oral sobre la Virgen de la Piedad, se recoge por primera vez en dos manuscritos. El primero fue obra del Canónigo Doctoral de la Iglesia Colegial de Baza, don Alonso de Yegros (+1642), que redactó una historia de nuestra localidad en la que todo lo concerniente a la Virgen de la Piedad tenía un peso importante. El segundo autor que se ocupó de dejar constancia escrita de los milagros de esta Virgen fue el mercedario bastetano don Juan de Urrea y Aisa que, hacia 1662, compuso la obra “Origen, hallazgo y milagros de nuestra santísima imagen de la Piedad”. 

              Ya en el siglo XVIII el padre mercedario fray Juan Barroso, que había llegado en 1737 al convento de Baza como Comendador, enterado de la fama de la Imagen y “deseando promover más la devoción de esta Señora”, según sus palabras, mandó a la imprenta una novena en verso, que fue uno de los primeros textos impresos, quizás el primero, que divulgó la leyenda de la Piedad. Más tarde en 1744, cuando ya no residía en Baza, recogió toda la tradición popular, tanto la oral como la escrita por Yegros y Urrea, componiendo su manuscrito: “Ilustración cronológica, política, moral y mística del origen, invención y milagros de Nuestra Señora de la Piedad de Baza”.

                Además del importantísimo papel de los frailes de La Merced en el fomento del culto a la Virgen de la Piedad, este se vio favorecido  por la existencia de una cofradía bajo esta denominación.

                La fama de milagrosa de la Virgen llegó a extenderse de tal manera que incluso llegó al  Palacio Real del Madrid. Siendo aún muy niño Carlos II, enfermó de viruelas que le producían fiebres altísimas que hacían temer por su vida a la Reina Gobernadora Doña Mariana de Austria. Hacía esta, junto a toda la Corte, rogativas y votos por la pronta mejoría del Monarca, sin que la enfermedad decayese. Fue la Marquesa de los Vélez, doña María Engracia de Toledo, aya de Carlos II, ligada a nuestra ciudad por vínculos de afecto y de sangre, la que recomendó a la Reina hiciese alguna promesa a la Virgen de la Piedad de Baza, confiando que por este medio el rey había de sanar. Ofreció aquella costear una lámpara de plata con dotación perpetua para su mantenimiento. Sanó, el Rey, de su enfermedad y la reina se apresuró a cumplir su promesa enviando una monumental lámpara de plata de 7 arrobas, 7 libras y 14 onzas de peso. Así mismo, el 14 de septiembre de 1673, Doña Mariana de Austria,  expidió una Real Cédula en la que disponía que de los impuestos sobre el vino, vinagre, aceite y carnes se pagasen al Convento 37.500 maravedíes anuales “por la dotación de la lámpara grande de plata que de mi orden y por devoción del Serenísimo rey, mi muy caro y amado hijo, he mandado hacer para la capilla de Ntra. Sra. de la Piedad, sita en el Convento de la Merced, de la ciudad de Baza” 

                Un ilustre hijo de Baza Fray Andrés Sánchez de las Navas y Quevedo, Obispo de León en Nicaragua (1677-1682) y Arzobispo de Guatemala (1678-+1700), que nunca olvidó a la Virgen de la Piedad, ante cuyo altar profesó como religioso mercedario el 26 de septiembre de 1694 y celebró su primera misa, quiso enriquecer su capilla para lo que envió desde su lejana diócesis una gran cantidad de alhajas de gran valor, entre ellas varias coronas de oro con topacios esmeraldas y diamantes, una magnífica custodia de oro coronada con la cruz de su pectoral y gran cantidad de barras de plata para que, con ellas, se fabricase un nuevo tabernáculo para la Virgen, como así se hizo poco después, corriendo la obra de carpintería a cargo de Juan López de Robles que fue decorada por el maestro platero Juan bautista Muñoz , vecinos de Baza. Así mismo envió muchos cálices, candelabros y otros utensilios de plata para el servicio del templo.

                   Todas éstas y otras muchas joyas se guardaban en dos grandes armarios de nogal, también enviados de América, uno de los cuales se conserva en la actualidad y en cuyo interior hay esta inscripción: “Año de 1763 se colocó esta puerta labrada en Méjico y Guatemala por el R.P.M. Fray José López Falcón, hijo de esta Santa Casa” y en la otra puerta se lee: “Y las varas del palio y cristaleras las dio el P. Fr. Ramón de las Peñas, hijo de este Convento".

                    Del gran fervor de los bastetanos hacia la Virgen de la Piedad en esta época nos dan idea dos datos. El primero es el número de rogativas que se le hacen para pedir su intercesión: se conocen hasta 25 entre 1700 y 1768. El segundo es la masiva adopción del nombre de Piedad por parte de las bastetanas ya que hasta entonces  lo más usados son los de Isabel, Ana, María, Catalina o Juana.

                    Con  el paso de los franceses por nuestra ciudad a la que llegaron el 18 de marzo de 1810 se produjo el expolio de las obras de arte y piezas valiosas de orfebrería religiosa del templo, dejando en la pobreza a este santuario que había sido uno de los más ricos de la comarca. Así mismo se produjo a su vez la huida de los frailes del convento quedando la imagen de la Virgen de la Piedad abandonada. También desapareció la antigua Hermandad de los Pastores, constituida por ganaderos, cuya titular era la Virgen de la Piedad a la que ofrecía cultos en distintos día del año.

El Ayuntamiento y el Cabildo de la Colegiata, dolidos de que Nuestra Señora de la Piedad se hallase sin el culto y veneración debidos, acordaron que la Sagrada Imagen fuese trasladada a la Iglesia Mayor, en calidad de depósito.

A la misa solemne que se celebró con motivo del regreso de la Virgen a su templo asistió el M.I. Ayuntamiento Constitucional, que tomó el acuerdo de “Celebrar, para que no se borre la memoria, la festividad de la Octava con solemne función, aunque se restablezca la desaparecida Hermandad de los Pastores”. Así mismo estaba presente el Ilmo. Sr. D. Fr. Marcos Cabello y López, Obispo de la Diócesis, quien concedió 40 días de indulgencia a los que oyesen el sermón y otros 40 a los que asistiesen al octavario.

                      Pero los trastornos políticos y las revoluciones que sembraron de intranquilidad casi todo el siglo XIX hicieron que la Orden Mercedaria abandonara definitivamente la casa y el cuidado del culto a la Virgen de la Piedad en 1835. Fue su último Comendador Fray Agapito Aguilar. La imagen de la Virgen fue trasladada a la vecina Parroquia de San Juan con gran disgusto del Ayuntamiento que deseaba se trasladase a la Iglesia Mayor.

                     En 1898, a petición del pueblo de Baza, son llamados por el Obispo de la Diócesis de Guadix-Baza,  Don Maximiliano Fernández del Rincón, los religiosos de la Orden Franciscana de la Provincia eclesiástica de Cartagena que se hacen cargo del abandonado convento y de atender el culto a la Virgen de la Piedad. Fue su primer Padre Guardián Fray Bernardino de Uzal.

                     Los franciscanos devolvieron todo su esplendor y solemnidad a los actos religiosos del templo, destacando las rogativas, las novenas y las funciones en las festividades marianas en las que hacían uso de la cátedra sagrada grandes predicadores de la Orden.

                       El 14 de septiembre de 1930 es coronada canónicamente Nuestra Señora de la Piedad por el Cardenal Arzobispo de Granada Dr. D. Vicente Casanova y Marzol, realizándose solemnes actos religiosos antes y después de la ceremonia de coronación.

            Los tristes sucesos acaecidos en nuestro país entre 1936 y 1939 hacen que la Comunidad Franciscana tenga que abandonar el Convento de la Merced y la Imagen de la Virgen sea profanada, destrozada y abandonada. Recogidos los trozos de la imagen son escondidos durante este periodo  en dos domicilios particulares. 

                        Finalizada la contienda civil, regresan los franciscanos en abril de 1939, abriéndose de nuevo la Iglesia al culto el 8 de junio. Ante la ausencia de la Imagen de la Virgen de la Piedad  se le da culto a un cuadro de la misma.

                      Entregada la Imagen por sus guardadores a las autoridades y recuperada por los frailes franciscanos es llevada a Valencia para su restauración el 2 de febrero de 1940. El 28 de junio de ese año, una vez terminada su restauración, es traída a la Iglesia Parroquial de Caniles Al día siguiente, festividad de San Pedro y San pablo,  se bendice la Imagen de la Virgen y se traslada en romería hasta Baza y repuesta de nuevo en el trono de su camarín.

                      El día 5 de diciembre de 1954 se vuelve a coronar con una nueva y rica corona por el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis Don Rafael Álvarez Lara. 

                      Por acuerdo del Excmo. Ayuntamiento el 22 de agosto de 1975 es nombrada Alcaldesa Perpetua de Baza, imponiéndosele el bastón de mando, atributo de su jerarquía el día 8 de septiembre por el Alcalde Don Luis Morcillo Viíta.

                   El día 6 de abril del año 2000 son aprobados por el Obispado de Guadix-Baza los nuevos estatutos de la hermandad que pasa a llamarse “Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad, Patrona de Baza”, que bajo la dirección espiritual de los PP. Franciscanos promueve el culto y la devoción a la Virgen de la Piedad.

                    En el año 2008 los Franciscanos se ven obligados a dejar el Convento de la Merced, después de 111 años, por la avanzada edad de sus frailes y la imposibilidad de sustituirlos ante la falta de vocaciones. Son sus últimos moradores el P. Francisco Abril Zafra (Guardián) y el P. Francisco Javier Gómez Ortín. El 7 de septiembre el pueblo de Baza le tributa un cariñoso homenaje de despedida. Es Ministro Provincial el P. Fr. Saturnino Vidal Abellán

                       Ante este hecho corren por nuestra ciudad rumores de cierre de la Iglesia de la Merced, de traslado de la Imagen de la Virgen a otro templo, … Rumores que el Sr. Obispo de la Diócesis de Guadix-Baza, D. Juan García-Santacruz Ortiz, se apresura a callar, el 16 de julio de ese mismo año y antes de la marcha de los PP. Franciscanos, nombrando Rector del Santuario de Ntra. Sra. de la Piedad al sacerdote diocesano D. Pedro Aranda Garrido que toma posesión de su cargo el 16 de septiembre, fijando su residencia en el mismo Convento de la Merced. Con ello el culto a la Virgen de la Piedad en su propio templo y el mantenimiento del edificio conventual quedan asegurados.

  

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