CARTA CUERSMA 2018

 

CARTA DE CUARESMA DEL OBISPO A.A. DE GUADIX

Guadix, 14 de febrero de  2018,

                                                                                                                              Miércoles de Ceniza

Queridos hermanos cofrades:

            El miércoles de ceniza, comienzo de la Cuaresma, es una invitación a preparar desde lo más profundo del corazón la Pascua del Señor. El signo de la ceniza nos sitúa ante lo esencial, pone a Dios en el centro de la escena de nuestra vida y nos lleva a reconocer lo que somos y lo que podemos llegar a ser si dejamos actuar a la gracia.

            Como asociaciones públicas de fieles, las cofradías, acompañáis el camino de toda la Iglesia y os acercáis, en estos días de un modo especial, a tantos hombres y mujeres que dejaron la fe algo aparcada. Os lo quiero repetir, vuestra misión es ser instrumentos de evangelización en la comunión de la Iglesia, es decir, en las parroquias, en la diócesis, para ayudar a vivir cristianamente a los que forman parte de vuestra Hermandad y salir a la calle para llevar también el Evangelio a los que nunca vienen a la Iglesia, incluso no conocen a Cristo.

            La carta que os he dirigido cada año al comienzo de la Cuaresma, y que vosotros amablemente habéis reproducido en vuestro libros o programas cofrades, ha intentado siempre ser una invitación a vivir vuestra vocación cofrade desde lo esencial y una llamada a no dimitir de la misión que el Señor, a través de la Iglesia, os ha encomendado.

            Permitidme que este año lo vuelva a hacer. Quisiera unir los rostros de la Pasión a las palabras evangélicas, esto que el ser de nuestro pueblo, ayudado por la doctrina de la Iglesia y su impresionante liturgia, ha reproducido en las imágenes de nuestros Sagrados Titulares.

            Miremos, en primer lugar el rostro de Cristo. Desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su sepultura. Apenas unos días, días intensos y cargados de emoción, con la fuerza que supone una entrega, la de la propia vida. San Juan Pablo II nos decía al comienzo del tercer milenio refiriéndose al rostro doliente de Cristo: “La contemplación del rostro de Cristo nos lleva así a acercarnos al aspecto más paradójico de su misterio, como se ve en la hora extrema, la hora de la Cruz. Misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración”. No desaprovechemos la oportunidad que nos dan estos días santos de contemplar desde el corazón el rostro de Cristo para tener sus mismos sentimientos.

             Cristo aclamado y seguido pero no con el corazón, es sentir el dolor de una apariencia vacía, la actitud de los que aclaman con los labios pero su corazón está lejos. Cristo traicionado y vendido por los suyos que lo abandonan y lo niegan, el sentimiento de la soledad por la traición, del mal pago cuando has amado mucho. Cristo incomprendido y juzgado por los de arriba y los de abajo que se mueven por puro interés, por lo políticamente correcto. Cristo condenado, inocente pero condenado. Cristo apaleado, ultrajado, tantos palos que nos da la vida y que hay que aceptar en el silencio del que le robaron hasta el derecho de la conciencia. Cristo cargado con la cruz ante la mirada desafiante de algunos e indiferente de otros, el sentimiento de no ser nadie, y, además, mirado como un espectáculo absurdo. Cristo despojado y crucificado, o la victoria de la coherencia y la autenticidad. Cristo muerto que vence a la muerte. Cristo enterrado, puerta abierta a la esperanza de la vida eterna.

            Palabras pocas, pero intérpretes de lo que ven los ojos. “Tomad, comed, esto es mi cuerpo..”, “Aparta de mí este cáliz, pero que no sea como yo quiero, sino como tú quieres”, “¿A quién buscáis…Soy yo?”, “¿Eres el Rey de los judíos? Tú lo dices, yo soy?, “Padre, perdónalos porque no sabe lo que se hacen”, “Tengo sed”, “Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre”. Y silencio, mucho silencio.

            El segundo gran rostro de la Pasión es el de la Virgen. Es la pasión de la Madre; la que acompaña al hijo con el alma traspasada y lágrimas en los ojos, pero con la fortaleza de la fe y el bálsamo de la esperanza. María llena de dulzura y compasión nuestra Semana Santa. El movimiento de nuestros palios es el signo de que a pesar del dolor y la muerte seguimos caminando. María es la que mejor recoge los sentimientos de Cristo, pero también los nuestros.

            Y los otros rostros de la Pasión: Pedro, o el amor que pasa por la prueba; el discípulo amado, Juan, que nos enseña a recostarnos en la intimidad del Señor; Magdalena, o la fuerza del amor del que ha experimentado el perdón; el Cireneo, que nos recuerda la necesidad de ayudar a los demás a llevar las cruces de cada día; la misericordia de la Verónica que nos enseña a ver el rostro de Cristo en los demás. Tantos personajes que nos introducen en el misterio del amor más grande: dar la vida por los demás.

            Queridos cofrades, cómo deciros que sois, o podéis ser, un tesoro para la Iglesia si vivís según vuestra vocación cristiana, si os acercáis al Señor  a través de su Palabra y de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, si vivís una caridad autentica y real. Vuestro mejor ropaje será revestíos de Cristo, tener sus sentimientos.

            Esta Semana Santa la diócesis de Guadix estará vacante, no tendrá Obispo. Os pido, y pido a las Federaciones y Juntas de Gobiernos de cada una de las Hermandades, que procuren que en los cultos y en la oración que realicéis antes de la Estación de Penitencia hagáis una oración especial para que el Señor envíe pronto un nuevo Pastor según su corazón, el que necesita nuestra Diócesis.

            Que el Señor os bendiga, como yo hago ahora en su nombre.

            Con mi afecto.

             + Ginés, Obispo electo de Getafe  y AA de Guadix

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